- (...) Quiero que sepan que eres mi novia...
Casi me caigo del baúl. Me temblaban los labios, y mi corazón había dejado de golpear: ahora temblaba.
- ¿Yo soy tu novia?
Levantó la cabeza, mirándome. Sus ojos estaban llenos de asombro:
- Pues claro...Eres mi novia porque no podemos separarnos...Como siameses, ¿no te acuerdas?
Yo tenía la garganta apretada, no podía casi hablar. Pero asentí con la cabeza, y él lo dio por bueno.
La imagen de los novios-bandidos del cuarto de la plancha se esfumó.
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