martes, 19 de enero de 2010

Paraíso inhabitado - Ana María Matute


- La luz se iba por el montante de la puerta - expliqué.- No quería dormir, estaba esperando, esperando...Siempre estoy esperando.
Eduarda miró la punta encendida del cigarrillo.
Dió una calada y dijo:
- Todo el mundo espera.
- Pero entonces oí las pisadas del Unicornio, y oí cómo aplastaba las hojas del bosque bajo las pezuñas...
- Los Unicornios no hacen ruido, ni dejan huellas, ni aplastan hojas...
- Pero lo vi; vi cómo echaba a correr... Y desaparecía. ¿Volveré a ver al Unicornio?
Eduarda aplastó el cigarrillo en el cenicero, sacudió con la mano el humo que aún flotaba en una casi invisible nubecilla, y dijo:
- Los Unicornios nunca vuelven.

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